martes, 30 de junio de 2009

¿A QUE JUGAMOS?


Por Silvana E.

"Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.”
La frase atribuida a Borges, bien podría ser el sentido que Marcelo Pelissier quiere dar a su concepción de muerte. Toda persona que quiera dibujar una realidad – y qué cosa puede ser tan real para nosotros que nuestra propia cara, nuestra propia afirmación concreta de la identidad- deberá sumar piezas de imágenes, percepciones, modelos de pensamiento que lo atraviesan íntegramente. No es posible concebir el transcurso del tiempo y del espacio sin pensar en una meta: la muerte.
El ejercicio lúdico de reconstruir un rompecabezas consiste en tomar cada una de las partes y otorgarle un sentido en relación con otras hasta conformar una imagen, una identidad. Este es un desafío que el artista Marcelo Pelissier pone frente a los ojos del espectador, e inevitablemente el compromiso es aceptarlo. Será porque los temas que aborda en sus obras envuelven una realidad de la cual formamos parte día a día. Cada vez que uno se introduce en ciertos detalles estéticos hay una peregrinación hacia un inevitable fin. Las piezas, que anuncian ineludibles fatalidades, recorren ese mundo discursivo que emergen desde el subsuelo más bajo y mundano del hombre. El destino de todos se entrega en imágenes, colores, escenas, y debemos enfrentarnos a ello. Sumergirse en la obra de Pelissier es, de alguna manera, afrontar inexcusablemente a uno mismo.
Las fotografías, que juntas conforman el todo de una obra, permiten relatar un universo simbólico no tan simbólico. Un cadáver, una chatarra, otro cadáver, otra chatarra: la destrucción de la vida y de la materia. Crear y construir para morir en el desecho. Nacer y dejar de existir por causas que no son propias de la naturaleza, sino por acción de aquel ser autodestructivo, el ser humano.
Vanitas transita por la oscuridad de los placeres actuales. Pelissier ambienta y crea una “nueva Edad Media”, etapa histórica que no quiere pensarse a sí misma. Mientras el reloj marca el tiempo que nos queda para seguir viviendo, buscamos refugio en las nuevas satisfacciones mundanas; hay un velo frente a nuestra vista y éste no permite hacer la pregunta filosófica que el ser humano siempre quiso responder ¿Qué será de nuestra muerte? La vanidad del género humano y su posibilidad de satisfacerla están regidas por el correr de las horas, del tiempo. Solo el cráneo posado permitirá recordar cual es el destino inevitable.
Los cerebros flotan sobre el vacío desprotegidos de un cráneo preservador, los rompecabezas se expanden sobre la pared, símbolos e isotipos, calaveras por todas partes, mitos que el artista trae a nuestro presente; estamos confundidos pero no ciegos. Semejante caos pone en evidencia la duda que es menos social que existencial: ¿cuándo acabará esto?¿en qué parte de este tablero se encuentra cada uno? Puzzle ad infinitum nos responde con un “nunca” y con un “todo”: las series de cerebros de uno y de todos nos afirman el infinito de este itinerario global. Ya no es cuestión de encontrar un quiebre esperanzador, sino de terminar lo que empezamos, finalizar este juego que es la existencia humana. La muerte es un concepto que ronda la centralidad de la obra de Pelissier. La desesperación es, quizá, el pilar que mantiene estas construcciones vanas.
¿A qué clase de muerte estamos subyugados ahora? ¿Una muerte biológica, o acaso o una muerte de olvido, opacado por la bajeza del consumo, las guerras y el nuevo infierno terrenal? Lo mejor es empezar a componer este rompecabezas, y solo así encontraremos una respuesta.

Informe sobre la muestra "Rompecabezas Melancólico" del artista Marcelo Pelissier en el CCR.

1 comentario:

  1. Animo, no dejes de escribir, espero poder seguir leyéndote pronto.
    Un beso

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