domingo, 6 de septiembre de 2009

ENGAÑO

Por San. Enriquez

Condenada al destierro; a la fuga; sobre todo, al crimen.
Sometida a los designios de una tragedia; de una mentira hecha barbarie.
Hecha del desgarro; de cornisas en los caminos; hecha de ventanas hacia patios viejos.
Ya atesoran los cancerberos del infierno la noche sustancial.
Ya se toman las puertas de salida, la casa se vacía de imprecisas memorias: cartucheras varoniles, muñecas sin concha, lápices sin punta, música en la radio baja.
Te dijeron que Libertad era salida, este cigarrillo que se te desgaja (mirálo,no tiene identidad, como vos), éstas medias de nylon, esta campera de 150 mangos.
Mentira. Mentira. Meros engaños de sábado.
Nos vamos para volver. Nos vamos para constatar que siempre los gatos andan en círculo por la casa. Nadie atiende cuando se pudre la tarde, pero los gatos siempre vuelven, lo juro, siempre vuelven.
Y no lo saben, te juro, no lo saben.
Lentamente lo fatal tiene la virtud de ser placer. De ser muerte. De ser “revolución”.
Un pan duro. Un poco de carne en la heladera. Chocolate blanco en la alacena. Pedazos de queso escondidos en tu cama de virgen. ¿Te falta algo? Postres. Dulces hasta hartarse. Comercio con el exceso. Membrillo sobre unos huevos. Un flan de esos que hacía mamá.
No te preocupes por los brebajes, lo van a hacer los cancerberos.
Falta un cuchillo, un tenedor, una cuchara.
Falta un cuerpo. Sí, sí. Un cuerpo.
La noche está en su apogeo. ¿Qué me decís? No son necesarios los conceptos de cultura. No son necesarias las nubes sobre los viajes hacia un nuevo lugar. No son conventillos venidos a menos, que tanto…tanto… te habrán fascinado.
“Mi ser disuelto” (Escucháte, “mi ser disuelto”, no lo dicen los cuervos, ni las fotografías perdidas en el cajón). “Mi ser disuelto, hecho para venerar la destrucción, la revuelta viva, los cerdos que fueron Rusia. Ahora me toca a mí tomar La Bastilla de la Vida” (Escucháte, te jactás diciendo “Vida”, así con mayúscula)
“No debe quedar Nada. Ni las patrias. Ni esos amores que depara el maquillaje. Ni los derroteros de los barcos allá por Entre Ríos. No debe quedar Nada.”(Repetís “Nada” con el mismo énfasis que tu concepto de “Vida”).
¿Qué hay de las historias? ¿Qué hay de la bonanza de las movilizaciones? ¿Qué hay de los pueblos y la lucha?
Tu ritual funesto y redentor. Los cuartos en la noche no se salvan de tu exceso, de tu más más más más más más más…
Se hinchan los ovarios. Se compenetra el vientre. Se rompen los camisones.
Se acrecienta el poder de las derrotas.
¡Ayy Mamina Mamina! Si lo supieran las Mujeres del barrio y de los bajos, que alguna vez, alguna vez, me hicieron ser esta hembra encabritada, todo sería un poco más necesario.
Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer. Comer.
“¡Ayy Mamina Mamina, sálvame! Ya se alejan mis pelos. El mantel es mi blusa.
“¡Ayy Mamina Mamina! Es el placer, lo frío, lo caliente, todo entra por mi boca. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo. Todo.
“Me olvidé de mis pelos, de mis víctimas, de mis cancerberos.”
No hay peor olvido que el que esconde una memoria no resuelta.
“¡Ayy Mamina Mamina! Yo ingreso, yo me como a mí misma, me disuelvo, me licuo con esos jugos digestivos.
Hoy hace frío. Mucho frío... No tengo la fuerza de los barcos que desaparecen a sabiendas que existieron. Yo me voy y nunca existí en los mares con esos destinos fuera del faro natal.
“No son mías, lo prometo, estas empanadas, este… comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer, comer. Minuciosamente me odio. Yo no soy de la muerte.”
Decime, ¿de qué mierda estás hecha?
“Nadie lo sabe.”
Idiota.
“Yo quiero ser de los vientos. Yo quiero ser de las alfombras limpias. Yo quiero ser el fervor de las victorias. Yo quiero ser de mi pelo sobre el agua. Yo quiero ser de mi piel debajo de mi piel lastimada
Me desgarro por el mismo núcleo que nos une, y nos hace y nos disuelve.
No hay convicción en las tardes. No hay firme fe que haga de ciertos olvido simples marcas de piel.
No habrá lugar para libertades.¿Habrá?
Se cae el último libro de la biblioteca, y estoy seguro, que era crucial para aprender de poesías metafísicas.
¿Aprenderé de las estrofas y los cantos?¿Aprenderé de seis cuerdas y un pentagrama?

martes, 30 de junio de 2009

¿A QUE JUGAMOS?


Por Silvana E.

"Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara.”
La frase atribuida a Borges, bien podría ser el sentido que Marcelo Pelissier quiere dar a su concepción de muerte. Toda persona que quiera dibujar una realidad – y qué cosa puede ser tan real para nosotros que nuestra propia cara, nuestra propia afirmación concreta de la identidad- deberá sumar piezas de imágenes, percepciones, modelos de pensamiento que lo atraviesan íntegramente. No es posible concebir el transcurso del tiempo y del espacio sin pensar en una meta: la muerte.
El ejercicio lúdico de reconstruir un rompecabezas consiste en tomar cada una de las partes y otorgarle un sentido en relación con otras hasta conformar una imagen, una identidad. Este es un desafío que el artista Marcelo Pelissier pone frente a los ojos del espectador, e inevitablemente el compromiso es aceptarlo. Será porque los temas que aborda en sus obras envuelven una realidad de la cual formamos parte día a día. Cada vez que uno se introduce en ciertos detalles estéticos hay una peregrinación hacia un inevitable fin. Las piezas, que anuncian ineludibles fatalidades, recorren ese mundo discursivo que emergen desde el subsuelo más bajo y mundano del hombre. El destino de todos se entrega en imágenes, colores, escenas, y debemos enfrentarnos a ello. Sumergirse en la obra de Pelissier es, de alguna manera, afrontar inexcusablemente a uno mismo.
Las fotografías, que juntas conforman el todo de una obra, permiten relatar un universo simbólico no tan simbólico. Un cadáver, una chatarra, otro cadáver, otra chatarra: la destrucción de la vida y de la materia. Crear y construir para morir en el desecho. Nacer y dejar de existir por causas que no son propias de la naturaleza, sino por acción de aquel ser autodestructivo, el ser humano.
Vanitas transita por la oscuridad de los placeres actuales. Pelissier ambienta y crea una “nueva Edad Media”, etapa histórica que no quiere pensarse a sí misma. Mientras el reloj marca el tiempo que nos queda para seguir viviendo, buscamos refugio en las nuevas satisfacciones mundanas; hay un velo frente a nuestra vista y éste no permite hacer la pregunta filosófica que el ser humano siempre quiso responder ¿Qué será de nuestra muerte? La vanidad del género humano y su posibilidad de satisfacerla están regidas por el correr de las horas, del tiempo. Solo el cráneo posado permitirá recordar cual es el destino inevitable.
Los cerebros flotan sobre el vacío desprotegidos de un cráneo preservador, los rompecabezas se expanden sobre la pared, símbolos e isotipos, calaveras por todas partes, mitos que el artista trae a nuestro presente; estamos confundidos pero no ciegos. Semejante caos pone en evidencia la duda que es menos social que existencial: ¿cuándo acabará esto?¿en qué parte de este tablero se encuentra cada uno? Puzzle ad infinitum nos responde con un “nunca” y con un “todo”: las series de cerebros de uno y de todos nos afirman el infinito de este itinerario global. Ya no es cuestión de encontrar un quiebre esperanzador, sino de terminar lo que empezamos, finalizar este juego que es la existencia humana. La muerte es un concepto que ronda la centralidad de la obra de Pelissier. La desesperación es, quizá, el pilar que mantiene estas construcciones vanas.
¿A qué clase de muerte estamos subyugados ahora? ¿Una muerte biológica, o acaso o una muerte de olvido, opacado por la bajeza del consumo, las guerras y el nuevo infierno terrenal? Lo mejor es empezar a componer este rompecabezas, y solo así encontraremos una respuesta.

Informe sobre la muestra "Rompecabezas Melancólico" del artista Marcelo Pelissier en el CCR.